Complementados
En uno de esos paseos improvisados, esta vez por el Parque de la Quinta Normal, comienza Marcelo llenar su cabeza de inquietudes y decide sentarse en el pasto a charlar un poco.
Bea: Mmm… a ver, ¿A qué te refieres?
Marcelo: Me refiero a que en un comienzo nos gustamos, luego nos conocimos más a fondo, nuestros defectos, actitudes y diferencias… notorias y conflictivas diferencias. Un rato largo estuvimos reprochándonos el uno al otro, buscando yo amoldarte alo que yo busco de una mujer y tú por tu parte intentando acondicionándome para ser yo el hombre que esperas. Y ahora estamos tan bien y tan comprensivos, pero yo siendo el mismo imperfecto de antes y tú la misma Bea complicada y rebuscada que algún día no soporté ¿Cachai? ¿Cuál fue el momento en el que nos complementamos?
Bea: Es cuático en todo caso… ¿Tú creis que estamos complementados?
Marcelo: Pero si es cosa de detenerse un poco nada más. Ahora tus pataletas no duran el día completo y mis excusas y explicaciones no son las tertulias sin fin de antes.
Bea: Sí, me doy cuenta. Yo creo que nos cansamos de vivir en la idea de pololeo que fabricamos en la cabeza y comenzamos a disfrutar de la compañía. En todo caso yo sé cuando comenzaron a cambiar las cosas.
Marcelo: Yo también creo sé lo que pudo ser.
Bea: Fue cuando llegó mi Papá a la casa. Pa mi fue extraño volver a ver a mis viejos juntos y me quedé un par de semanas medio reflexionando y fue ahí cuando tu comenzaste a cambiar tus rollos de que nuestra relación podría ser mejor y que deberíamos pensar en si somos realmente el uno pal otro y tal… después de todo eras tú el que se confundió con todas esas cosas.
Marcelo: La dura. Fue algo nuevo verte tan seria y reflexiva, nunca te había visto así tan despreocupada de lo nuestro. Yo nunca me propuse cambiar, solo pensé en que tal vez me necesitabas más de lo que yo pensaba.
Bea: Gracias a Dios hay cosas inesperadas que le dan una vuelta a la vida.
Marcelo: Te amo, eres hermosa.
Bea: Yo también te amo, eres… simpático (suelta una carcajada).
Marcelo: (sonriéndose) Es lo que hay.